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sábado, 23 de mayo de 2009

Enterrar para volar

El pequeño Walt, en su entrenamiento para aprender a volar, se dejó enterrar vivo por su gran maestro Yehudi. Digo enterrar de verdad, por no sé cuántas horas. No tiene mucho que ver pero así se siente a veces, recién enterrada en la tierra tan fría, sobreviviendo, pero apenas, comiendose la inocencia. Sí que supo este Auster.

Así que me dejé enterrar vivo, una experiencia que no le recomendaría a nadie. Por muy desagradable que suene la idea, la realidad resulta muchísimo peor, y una vez que has pasado algún tiempo en las entrañas de la nada como me ocurrió a mí, el mundo nunca vuelve a parecerte el mismo. Se vuelve inexpresablemente más bello, pero esa belleza está empapada de una luz tan efímera, tan irreal, que nunca adquiere ninguna sustancia, y aunque puedes verla y tocarla como siempre, una parte de ti entiende que no es más que un espejismo. No es agradable sentir la tierra encima de ti, su peso y su frialdad, ser presa del pánico de la inmovilidad que parece la de la muerte, pero el verdadero terror no empieza más tarde, hasta que te han desenterrado y puedes volver a andar nuevamente. A partir de entonces, todo lo que te sucede en la superficie está relacionado con esas horas que pasaste bajo tierra. Una pequeña semilla de locura ha quedado plantada en tu cabeza, y aunque has ganado la batalla de la supervivencia, casi todo lo demás lo has perdido. La muerte vive dentro de ti, comiéndose tu inoncencia y tu esperanza y al final no te queda nada más que la tierra, la solidez de la tierra, el eterno poder y triunfo de la tierra.

Texto: Mr. Vertigo – Paul Auster

domingo, 8 de marzo de 2009

La hija del capitán



De Pushkin, me encanta ese nombre. No sé verdad, ya que es el primer libro de él que leo pero según la pequeña reseña biográfica de él, al inicio del libro, decía: ''Se le estima por encima de Tolstoi, de Dostoievski (!) y aún sobre Máximo Gorki". Aún no leo a Gorki y sí tal vez sí esté por encima de Tolstoi ¿pero de Dostoievski? Claro que no, en mi opinión, claro. 


Si no me equivoco éste fue el último libro que él escribió así que tal vez los demás están mejores. Además compré el libro en una bonita edición de tapa dura a tan solo 50 lempiras. Me gustó el libro, abajo Petruchko describe una pesadilla que tuvo al inicio de su relato y sí que fue profético este sueño.









Mientras dormía, tuve un sueño que no olvidaré jamás, ya que aún hoy lo considero algo profético, cuando examino a su luz las extrañas circunstancias de mi vida. Seguramente sabe el lector por propia experiencia, la gran tendencia que tiene el hombre a la superstición, por mucho que desdeñe los prejuicios, y por ello le ruego me excuse.

Me encontraba en ese estado especial del cuerpo y del espíritu en que la realidad, cediendo el paso a los sueños, se funde con ellos en confusas imágenes. Me pareció que la tempestad proseguía furiosa y que nosotros vagábamos perdidos en el desierto de hielo... De pronto apareció ante mí un portal y penetramos en el patio de nuestra casa solariega. Mi primer pensamiento fue de temor, ante la posibilidad de que mi padre se enfadase conmigo, considerando como voluntaria desobediencia mi regreso al hogar.

Salté nervioso de la kibitka y vi a mi madre que salía a mi encuentro con aspecto de profunda preocupación. "Despacio - me dijo -, tu padre se encuentra muy enfermo, próximo a morir, y quiere despedirse de tí". Transido de dolor, me encaminé a su habitación: estaba tenuamente iluminada y, junto al lecho, había gente con el semblante compungido. Me adelanté sin hacer ruido; mi madre levantó un poco la cortina y dijo:

   "Andrés Petrovich, ha llegado Petruchko, ha regresado al saber tu enfermedad. Bendícelo." Yo me arrodillé mirando fijamente al lecho y ¡qué es lo que vi! En el lecho, en lugar de mi padre había un mujik de negra barba, que me miraba sonriente. Fuera de mí, me volví a mi madre para preguntarle: "¿Qué significa esto ? ¡No es mi padre! ¿A santo de qué he de recibir la bendición de un mujik?" "Es igual Petruchko - contestó mi madre -; bésale la mano y recibe su bendición.  Es tu padrino de boda"... Yo me negué a obedecer y entonces el mujik saltó del lecho, sacó un hacha de la espalda y empezó a repartir golpes a diestro y siniestro. Traté de huir... y no me fue posible: La habitación se llenó de cadáveres, yo tropezaba con ellos y resbalaba en el charco de sangre... El extraño mujik me gritaba cariñosamente: "¡No temas! Aguarda a que te dé mi bendición!"...

jueves, 15 de enero de 2009

Coming through the rye...

Es feo cuando uno lee algo o hace algo que ha escuchado desde hace tiempo pero que nunca le hizo caso. A veces uno escucha hablar de cosas pero no les presta atención. Desde hace tiempo he escuchado del Guardián entre el centeno, ¿quién no? Es bien famoso, por el asesino de John Lennon (no sé a cuántos más asesinos les ha encantado este libro), porque siempre lo ponen a leer en las escuelas gringas, por su ermitaño autor, etc. Pues me arrepiento de no haberlo leído antes.

Hace un tiempo ví un programa de televisión que era acerca de Salinger, él tiene su casa ahí en el bosque, en los Estados Unidos, después de tanta fama por sus libros, él decidió alejarse pero creo que no fue ni tanto por la fama, incluso en este libro, Holden, el protagonista, fantasea con vivir en las afueras del bosque ''no dentro del bosque''. Pero en el programa de televisión que ví, iban estas personas o persona, a buscar la casa de Salinger, tuvieron que ir preguntando en el pueblo para ver si sabían donde vivía y demás. Pues en esas entrevistas, ellos preguntaban cómo era Salinger (pues de algún modo tenía que ir al pueblo, al súper y esas cosas), así como su caracter, y cada persona decía que era una persona extremadamente amable. Lo cual fue gran sorpresa porque todos pensaban que él era una persona muy amargada. No recuerdo mucho más de este programa pero sí recuerdo la imagen final o una de las imágenes finales, que salía él (en ese tiempo yo lo ví sólo como un señor, pues no lo conocía) de espaldas junto con un perro adentrándose al bosque. No sé cómo recuerdo estas cosas, aún no sé si alguna vez ví ese programa en realidad o si era Salinger, si alguien vió ese programa, avísenme, creo que fue en Film&Arts o en A&E...

Pues hace como una semana, me trajeron The Catcher in the rye de J.D Salinger, lo pedí porque ví una película del asesino de John Lennon y me acordé de ese programa que ví. Y cuánto me alegro que lo pedí... No entiendo cómo ponen a leer libros así en las escuelas, como la metamorfosis de 5to grado... Esto merece más. Es acerca de este muchacho que cuenta sus aventuras en Nueva York. Por cuatro días él anda por ahí, haciendo de todo en la ciudad de Nueva York. Su casa está en Nueva York, pero no puede irse todavía a su casa,  porque se suponía que debía llegar más tarde de su escuela que es como un internado y de esa escuela él se escapó pues... podría irse a su casa pero él quiere pasarla ahí, él solo. Pero eso no es lo importante, lo importante es lo que él escribe, cómo nos deja verle.


Me encantó también que por fin alguien dijera que Hemmingway no es la gran cosa.

Mi parte favorita del libro fue probablemente ésta, donde él llega a escondidas a su propia casa porque tiene grandes deseos de hablar  con su hermanita:

"You know what I'd like to be?" I said. "You know what I'd like to be? I mean if I had my goddam choice?"
"What? Stop swearing"
"You know that song 'If a body catch a body coming through the rye'? I'd like-"
"It's 'if a body meet a body coming through the rye'!" old Phoebe said. "It's a poem by Robert Burns."
"I know it's a poem by Robert Burns."
She was right, though. It is 'If a body meet a body coming through the rye'." I didn't know it then, though. 
"I thought it was 'If a body catch a body'" I said.
"Anyway, I keep picturing all these little kids playing some game in this big field of rye and all. Thousands of little kids, and nobody's around - nobody big, I mean - except me. And I0m standing on the edge of some crazy cliff, What I hace to do, I have to catch anobody if they start to go over the cliff - I if they're running and they don't look where they're going I have to come out from somewhere and catch them. That's all I'd do all day. I'd just be the catcher in the rye and all. I knows it's crazy, but that's the only thing I'd really like to be. I know it's crazy."
Old Phoebe didn't say anything for a long time.

The Catcher in the rye - J.D Salinger


Tengo esta imagen hermosa que la he tenido todos los días desde que leí esa parte, este gran campo de trigo, porque yo veo las dos cosas iguales, trigo y centeno. Bueno esta este gran campo amarillo, con un sol moderado un sol amarillo y todo lo demás es amarillo, así como una bruma pero amarilla, y están todos estos niños jugando, entre ellos Sebastián, Diego y Adriana, claro. Y es todo tan bonito, tan amarillo pero amarillo bonito (para variar) y un viento moderado también, todos jugando ahí. Y en vez de Holden, estoy yo, pero yo invisible, sin que ellos me noten, yo sólo viendo.




domingo, 4 de enero de 2009

Arturo Martínez Galindo


Arturo Martínez Galindo fue un escritor hondureño nacido en Tegucigalpa, estudiante de Derecho. De él, acabo de leer Cuentos Completos (Edición Oscar Acosta), a pesar de no leer tanta literatura hondureña creo que podría decir que es de los mejores que he leído de Honduras.
Con ellos, Arturo Martínez Galindo construyó uno de los universos narrativos de mayor consistencia artística existentes en Honduras y el cual se caracteriza por una visión dura y descarnarnada –sin eufemismos posibles– de la realidad.- Helen Umaña


Aquí uno de los cuentos, les dejo éste por su corto tamaño, ya que lo tengo que copiar desde el libro.







Una historia cualquiera

I

Nos conocíamos desde niños. Yo la había amado allá por los albores de mi adolescencia, cuando todavía jugabamos al escondite o correteabamos tras las mariposas. Me enloquecían sus grandes ojos y sus rizos castaños. Recuerdo una mañanita azul en que ella me regaló un magnífico botón de rosas tanto como los bombones. Por muchos años durmieron los pétalos marchitos de aquella flor entre las páginas de un mi libro de leyendas de cuando las hadas salían de aventuras por los caminos.
Julia nunca supo de mi amor, porque a los diez años estas cosas no pueden decirse. Pero evoco una tarde lejana en que me pareció que comprendía.
Era en el viejo huerto donde solíamos jugar; ella corría agitada y yo pugnaba en vano por darle alcance; de pronto, la ví tropezar y caer; se hizo mucho daño y las lágrimas quisieron humedecer sus ojos; yo, no sabiendo qué hacer,la estreché fuertemente entre mis brazos; ella se me quedó mirando con fijeza y ya no lloró. Creí entonces que mis abrazos tenían un gran poder consolador y, con los años, he confirmado esta creencia.
Julia fue muy precoz y esta precocidad me la robó. Ya a los quince años usaba tacones altos, poníase brillantina en los párpados, bailaba al tango y el fox-trot y se dejaba decir. Yo apenas era por esos tiempos un ávido estudiante del Instituto. El recuerdo de Julia me traía, de vez en vez, cierta tristeza, una cruel sensación de algo perdido, un vago perfume como el de los pétalos marchitos que conservé por muchos años en mi viejo libro de leyendas. Pero hasta éste fue apagándoseme día tras día, porque nada hay como el tiempo para dejarnos vacío el corazón.

II

Cuando abandoné la Universidad la volví a encontrar. Fue en el salón de baile de un club socal aristocrático; la invité y nos instalamos frente a una minúscula mesa de mimbres, propicia a la intimidad. Al evocar nuestros primeros juegos y nuestras risas, nos pusimos tristes, porque hace daño al alma recordar los buenos tiempos que se han ido. Yo busqué, en aquella mujercita de veintiún años, algo de la chica lejana que hizo vibrar intensamente la cuerda de oro de mi corazón.
Nada encontré. Julia habíase mustiado en el ambiente impropicio de los soireés de los teatros; me pareció vencida...
De no haber tenido en mí la imagen de una muñeca de bucles castaños, con mucho asombro en los ojos y mucha verdad en el rubor, me habría entusiasmado esta nueva Julia que me invitaba con su aliento de mentas y anís; el cansancio qe adormecía sus ojos le venía muy bien; había una suerte de desilución en sus gestos, muy chic, y , en toda ella, un desfallecimiento disimulado pero cruel.
Julia debió encontrarme muy otro. Mi rudo empeño por desigualarme me había enfermado de libros y llenado de vacío. A la edad en que otros van yo venía. Una sed infinita de ser me empujaba, pero un asco invencible por todo lo que es me retenía; luchaba en mí la ambición terrena y el divino desprecio por las glorias humanas. Pensé muchas veces: lo quiero todo; pero me interrogué en seguida: ¿para qué?
Y al través de todos mis vuelos y en medio de todas mis luchas, mi escepticismo entrevió la ironía de esta incógnita, el contorno burlesco de esta pregunta: ¿para qué? Pero por sobre esta nulidad a que me hubieran reducido las fuerzas iguales que luchaban y se destruían en mí, mi orgullo, mi magnífico orgullo me obligaba a subir. No me estimulaba un ansia de cumbre, sino un miedo de tierras bajas, un asco de montón, una vehemencia de no convivir y de sentirme solo. ¡Ah! ¡Cómo odiaba este concepto: los demás! Y me regocijaba porque tenía el convencimiento de ir muy alto, no como el que conquista porque tiene ambición, sino como el que se aleja porque tiene orgullo. El orgullo es un exquisito miedo de contacto, una noble hambre de soledad.
Aunque Julia estaba cansada del flirt ligero de los salones, debió sentirse irritada ante mi sequedad. Yo, a mi vez, protesté en mi interior de esta figulina, interesante para una aventura, pero en la que no podría encontrar a la nena, gárrula y traviesa, que perdí al disiparse la nubecilla de mi primera ilusión.
Era ya muy tarde. La música, las flores y el champagne ponían en las almas una nota de artificiosa alegría. Como languidecía la charla, metí los ojos en las parejas que danzaban. Julia de espaldas al regocijo, parecía rencorosa en su silencio. Pronto me olvidé de ella porque el torbellino de fox-trot que se arremolinaba en el local distraía mi atención y no hube de atender a su presencia hasta que ella se puso de pie y mientras se arrebujaba en sus pieles, me dijo con la mayor indiferencia:

-Las tres de la mañana... ¿Te quedás?

Me incorporé; ceremoniosamente le tendí mi mano y respondí:

-Me ha complacido conocerte.

Dudó un momento, luego comprendió y murmuró vengativa:

-Tú también me has parecido un extraño...

La ví reunirse a los suyos y en seguida perderse en la escalinata.


Febrero de 1925.

lunes, 29 de diciembre de 2008

Mañana en la batalla piensa en mí - Javier Marías

Casi que no compro este libro, en realidad tenía que ser uno de Phillip Roth pero por andar 
buscándolo más barato, no me lo encontré y me tuve que llevar éste en otra librería. Aún siento curiosidad por Phillip Roth, así que igual me tendré que llevar el de él otro día.

También debo contar que esta es la primera vez que me sucede algo así con un libro, ustedes a veces ven esos libros que vienen envueltos en papel plástico transparente, una vez uno así me salió mojado, y esta vez le faltaban páginas, se saltaba como 18 páginas y luego seguí y luego se regresaba 5 páginas, era un relajo. Por suerte, pude bajarlo de internet y leer las que me faltaban de ahí.

Pero este post es para Javier Marías, para su libro de extrañezas, de puros pensamientos, miedos y sólo cosas dentro de su cabeza llevadas al papel. Siempre me gusta cuando escriben y escrib
en, sin siquiera estar describiendo un evento o algún diálogo, son puras cosas que tienen en la cabeza los personajes, es como si uno pudiese ser o meterse dentro de esa persona, que bien podría ser cualquiera que anda caminando por cualquier calle.

Pues el libro comienza cuando el personaje principal, Víctor, es invitado a una cena por parte de una mujer que apenas conoce, su esposo anda de viaje y pues ella aprovecha para pasar la noche con otro. Él al principio no se da mucha cuenta pero la idea no le parece mala después de todo. No se sabe cómo pero ella se empieza a sentir extraña, algo malo, y paran de hacer lo que estaban a punto de hacer y muere en brazos de él, semidesnuda. 

Yo no tengo idea de lo que hubiera hecho en ese caso, pero él fue sensato, decidió que puesto que ya estaba muerta y no podía hacer nada más, no era necesario salir corriendo a avisarle a la demás gente, pues imagínense como se vería eso, se delataría todo el plan de ella, de llevar a un hombre mientras su esposo está de viaje. Lo que hizo fue que mejor la dejó ahí, a que la encontraran, pero su presencia en esa casa sí que fue notada. 

Luego él se vuelve extraño, ese evento lo marca, por supuesto. Él quiere tener contacto con algunas persona apegadas a ella, al principio no sabía bien por qué, pero todo lo pude ver aquí:


Es cansado moverse en la sombra y espiar sin ser visto o procurando no
ser descubierto, como es cansado guardar un secreto o tener un misterio, qué
fatiga la clandestinidad y la permanente conciencia de que no todos nuestros
allegados pueden saber lo mismo, a un amigo se le oculta una cosa y a otro
otra distinta de la que el primero está al tanto, se inventan para una mujer
historias complejas que luego hay que rememorar para siempre en detalle
como si se hubieran vivido, a riesgo de delatarse más tarde, y a otra mujer
más nueva se le cuenta la verdad de todo excepto aquellas cosas inocuas que
nos dan vergüenza de nosotros mismos: que somos capaces de pasarnos
horas viendo en la televisión partidos de fútbol o degradantes concursos, que
leemos tebeos siendo ya adultos o nos echaríamos al suelo a jugar a las
chapas si tuviéramos con quién hacerlo, que nos pierden las timbas o nos
gusta una actriz que reconocemos odiosa y hasta ofensiva, que tenemos un
humor de perros y fumamos al levantarnos o que fantaseamos con una
práctica sexual que se considera aberrante y no nos atrevemos a proponerle.
No siempre se oculta por el propio interés o por miedo o por haber cometido
una verdadera falta, no siempre por la salvaguarda, tantas veces es por no
dar un disgusto o no aguar la fiesta y por no hacer daño, otras es por mero
civismo, no es de buena educación ni civilizado darse a conocer del todo, no
digamos enseñar las manías y lacras; a veces son los orígenes lo que se calla o
falsea porque casi todos habríamos preferido una ascendencia distinta por
alguno de nuestros cuatro costados, la gente esconde a sus padres y abuelos y
hermanos, a sus maridos o a sus mujeres y a veces hasta a sus hijos más
parecidos o proclives al cónyuge, silencia alguna fase de su propia vida,
abomina de su juventud o niñez o de su edad madura, en toda biografía hay
un episodio ultrajante o desolado o siniestro, algo o mucho —o es todo— que
para los demás es mejor que no exista, para uno mismo mejor fingirlo. Nos
avergonzamos de demasiadas cosas, de nuestro aspecto y creencias pasadas,
de nuestra ingenuidad e ignorancia, de la sumisión o el orgullo que una vez
mostramos, de la transigencia y la intransigencia, de tantas cosas propuestas
o dichas sin convencimiento, de habernos enamorado de quien nos
enamoramos y haber sido amigo de quienes lo fuimos, las vidas son a
menudo traición y negación continuas de lo que hubo antes, se tergiversa y
deforma todo según va pasando el tiempo, y sin embargo seguimos teniendo
conciencia, por mucho que nos engañemos, de que guardamos secretos y
encerramos misterios, aunque la mayoría sean triviales. Qué cansado
moverse siempre en la sombra o aún más difícil, en la penumbra nunca
uniforme ni igual a sí misma, con cada persona son unas zonas las
iluminadas y otras las tenebrosas, van variando según su conocimiento y los
días y los interlocutores y las ambiciones, y nos decimos constantemente: 'Ya
no soy lo que fui, he dado la espalda a mi antiguo yo'. Como si llegáramos a
creernos que somos otros de los que creíamos ser porque el azar y el
descabezado paso del tiempo van variando nuestra circunstancia externa y
nuestros ropajes, según dijo el Solo aquella mañana cuando se puso a
expresar sus ideas sin orden. Y añadió: 'O son los atajos y los retorcidos
caminos de nuestro esfuerzo los que nos varían y acabamos creyendo que es
el destino, acabamos viendo toda nuestra vida a la luz de lo último o de lo
más reciente, como si el pasado hubiera sido sólo preparativos y lo fuéramos
comprendiendo a medida que se nos aleja, y lo comprendiéramos del todo al
término'. Pero también es cierto que a medida que pasa el tiempo y nos
hacemos viejos es menos lo que se oculta y más lo que recuperamos de lo que
fue una vez suprimido, y es sólo por la fatiga y la pérdida de la memoria o la
vecindad de ese término, la clandestinidad y el secreto y la sombra exigen
una memoria infalible, recordar quién sabe qué y quién no sabe, en qué hay
que disimular ante cada uno, quién está enterado de cada revés y cada
envenenado paso, de cada error y esfuerzo y escrúpulo y la negra espalda del
tiempo. A veces leemos que alguien confiesa un crimen a los cuarenta años
de cometerlo, personas que llevaban una vida decente se entregan a la justicia
o revelan en privado un secreto que los destruye, y creen los candidos y los
justicieros y los moralistas que a esas personas las ha vencido el
arrepentimiento o el deseo de expiación o la torturadora conciencia, cuando
lo único que los ha vencido y los mueve es el cansancio y el deseo de ser de
una pieza, la incapacidad para seguir mintiendo o callando, para recordar lo
que vivieron e hicieron y también lo imaginario, sus trocadas o inventadas
vidas además de las que tuvieron efectivamente, para olvidar lo que sí
sucedió y sustituirlo por lo ficticio. Es sólo la fatiga que trae la sombra lo que
impele a veces a contar los hechos, como se deja ver de repente quien se
escondía, el perseguidor como el fugitivo, simplemente para que acabe el
juego y salir de lo que se ha convertido en una especie de encantamiento.

Mañana en la batalla piensa en mí - Javier Marías

jueves, 11 de diciembre de 2008

Después de mucho..

Yo sí subo escritos tuyos, más éste, después de mucho. Es casi como si sólo ésta me gusta leer, porque siempre la entiendo o le tomo más tiempo para poder entenderla.


De cómo alguien volvió a escribir poemas



Había renunciado al verso porque nadie habla así, en versos,
porque me daba rabia,
por algo que dijo Parra (en versos),
porque la palabra, porque… En fin.

Yo había renunciado al verso
y salía a cabalgar por el pueblo todos los días.
Mi caballo se llamaba Rancho
y mi rancho se llamaba de ninguna forma
porque para un rancho no me ajustaba (el dinero).

Un día Rancho me cayó encima.
“Tenía filosos los dientes y usté lo lastimó
al jalar las riendas”, dijo el veterinario o el detective,
no recuerdo ni entendí nada.

“A los caballos se les ponen filosos los dientes”,
agregó el veterinario o el detective, “es algo común”.
Común, vaya.

Prognosis: múltiple
(siempre quise decir y escribir eso, aunque no signifique nada).
Ambas rotulas fracturadas, vértebras lumbares 2 y 4 inservibles,
vértebra dorsal 6 descanse en paz, etc.
(Yo quería estudiar medicina y mi mamá no me dejó;
estos datos son falsos, no recuerdo ni mi cara).

Parapléjico de por vida, dijo el doctor.
Más tieso que un palo de guayabas, dijo la enfermera,
que además de parapléjico me daba por sordo y retrasado mental.
No me atreví a preguntarle por qué de guayabas.

Yo sólo pensaba en zanahorias.
Sólo soñaba con zanahorias. Pesadillas con zanahorias.
Soy una zanahoria, me decía una y otra vez, soy una zanahoria.
“Sí, ¡más tieso que una zanahoria!”, me dijo una vez la enfermera.
Yo no sabía que ella estaba allí.

Al año me dejaron volver a casa.
Al principio me visitaban algunos amigos, al principio.
Mi querida novia aguantó más de un año, me esperó más de un año.
De cariño me decía “palito”, “mi Christopher Reeve, mi superman”
o simplemente “mueble”.
Me leía libros, me daba de comer en la boca,
Me limpiaba el culo, me bañaba.
Como a un niño inútil, como a un palo de guayabas,
como a una zanahoria.
Más de un año aguantó.


A los años me pusieron unos chips en el cerebro
y pude usar una computadora con la mirada.
Así he escrito esto, así he vuelto al verso.


Yo no sabía Rancho que te dañaba…
¿Qué será de tí en esta noche tan helada?
A la gente se le olvida que puedo sentir frío.

viernes, 21 de noviembre de 2008

El Idiota. Gran Dostoievski

Una vez escuché o leí, que uno llega a un punto en que puede leer cualquier cosa de un autor que le guste mucho y es cierto, yo llegué al punto en que podría leer cualquier nota, cualquier cosita escrita por Dostoievski. No sé por qué digo cualquier cosita, porque creo que cualquier cosa escrita por Dostoievski, tan sólo por el hecho de ser él, sería ya gran cosa. La primera vez que leí algo de él fue en noveno o décimo grado, compré el libro con mi propio dinero y creo que compré la edición más cara y usada que se puede encontrar de Crimen y Castigo. La compré en una librería carera y no tan buena, me costó casi 400 lempiras, cuando ese libro, por ser un verdadero clásico se puede conseguir a no más de 200 lempiras, pero bueno, valió la pena, me encantó. Luego fue el inolvidable cuento de Noches Blancas y los otros dos cuentos que venían en el libro que mi mamá me regaló para mi cumpleaños número 16, cuando fue conmigo al Caminante y me compró ése y no recuerdo cuál otro...
Después compré una edición de Diarios de escritor que contiene cartas, notas y artículos de él. Casi por último, este año compré Memorias del Subsuelo y vaya, también me gustó mucho. Definitivamente, a Dostoievski lo recordaré siempre con admiración y cariño, aunque cambie de gustos o qué se yo, pero siempre siempre tendré a Dostoievski. Pero y Los hermanos Karamazov? Y El Idiota? Ésos son de sus supuestamente mejores, cómo es que no los he leído...
A todo esto, hace unos días, la semana pasada, pude sacar de la biblioteca de la UNAH de aquí de San Pedro, el esperado, el que siempre miraba en las librerías y que costaba tan caro... El Idiota.
Me gustó, definitivamente el príncipe Mishkin es un personaje único... Debido a su enfermedad (es epileptico desde niño) es privado de una educación formal, pasa bajo el cuidado de un tutor y crece verdaderamente como un niño, ingenuo, compasivo, inocente, bondadoso... lo es tanto que para él es casi imposible ver la maldad y la codicia en las otras personas, debido a ésto, los demás lo ven ridículo, lo ven como un completo idiota y no como el niño de corazón que realmente es.
Es tanta la compasión que él tiene que hasta llega a perder a la persona de la que realmente estaba enamorado. Deja a Aglaia, la única persona que lo ve realmente como es y no como un idiota, la deja para casarse por compasión con Nastasia Filípovna, mujer estúpida, "de mundo" supuestamente culta.
Cuando lo terminé de leer no entendía cómo era que el príncipe había dejado a la pobre Aglaia... no entendía pero es una buena teoría la de la compasión que sintió por Nastasia o tal vez era realmente idiota...
Está muy bueno el libro, eso que acabo de describir es una parte muy pequeña de todo lo que es el libro, sería para mí imposible describirlo adecuadamente, puesto que soy malísima para ese tipo de cosas y no le haría justicia al libro.
Saquen libros de las bibliotecas, no sólo uno encuentra buenas cosas y ediciones que son joyas (viejas y hermosas) sino que ya me di cuenta que siempre se puede uno encontrar cosas dentro de ellos, hasta ahora he sacado El Idiota y Al Faro de Virginia Woolf y en los dos me he encontrado papelitos y un separador de libros (feo y cristiano). Uno de los papelitos, estoy casi segura que era de un vendedor de marihuana, con número de teléfono y todo (jaja) pero tal vez me llegue a encontrar algo bueno en algún libro un día de éstos, cuando así sea también dejaré yo algo entre las páginas y aunque no me encuentre nada en un libro realmente bueno, igual dejaré algo.

jueves, 6 de noviembre de 2008

El Unicornio - Juan Emar

Me gustó mucho este cuento de Juan Emar que leí hace ya algún tiempo, ni me acordaba muy bien de él. Aquí está la parte primera, que llama la atención. Si les gustaría leerlo en la computadora (sólo son 13 páginas), me lo piden en los comentarios y subo el archivo pdf.
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Desiderio Longotoma es el hombre más distraído de esta ciudad. Se vio obligado a
enviar a todos los periódicos el siguiente aviso:

"Ayer, entre las 4 y 5 de la tarde, en el sector comprendido al
N por la calle de los Perales, al S por el Tajamar, al E por la
calle del Rey y al O por la del Macetero Blanco, perdí mis
mejores ideas y mis más puras intenciones, es decir, mi
personalidad de hombre. Daré magnífica gratificación a quien
la encuentre y la traiga a mi domicilio, calle de la Nevada,
101."

El mismo día recorrí el sector indicado. Tras larga búsqueda encontré en un tarro de basuras un molar de vaca. No dudé un instante. Lo cogí y me encaminé al 101 de la Nevada.
Once personas hacían cola frente a la puerta de Desiderio Longotoma. Cada una tenía algo en las manos y abrigaba la certeza que ello era la personalidad humana perdida la víspera.

La primera tenía: un frasquito lleno de arena;
la segunda: un lagarto vivo;
la tercera: un viejo paraguas de cacha de marfil;
la cuarta: un par de criadillas crudas;
la quinta: una flor;
la sexta: una barba postiza;
la séptima: un microscopio;
la octava: una pluma de gallineta;
la novena: una copa de perfumes;
la décima: una mariposa;
la undécima: su propio hijo.

El criado de Desiderio Longotoma nos hizo pasar uno a uno.
Desiderio Longotoma estaba de pie al fondo de su salón. Siempre igual, risueño, grueso, con sus bigotitos negros, afable, tranquilo.
Aceptó todo cuanto se le llevó. Distribuyó generoso las gratificaciones ofrecidas.

A la primera le dio: un cortaplumas;
a la segunda: dos cigarros puros;
a la tercera: un cascabel;
a la cuarta: una esponja de caucho;
a la quinta: un lince embalsamado;
a la sexta: una tira de terciopelo azul;
a la séptima: un par de huevos al plato;
a la octava: un pequeño reloj;
a la novena; una trampa para conejos;
a la décima: un llavero;
a la undécima: una libra de azúcar;
a mí: una corbata gris.
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Sacado de : El Unicornio - Juan Emar

miércoles, 29 de octubre de 2008

Amor Perdurable - Ian McEwan

No recuerdo exactamente cuál fue el último libro de más de 100 páginas que leí en la computadora, pero sí recuerdo cuál fueron los últimos que me encantaron tanto que podía pasar horas sentada frente a la computadora leyendo y ésos fueron La conjura de los necios y Los detectives salvajes y éstos dos últimos días, Amor Perdurable de Ian McEwan. Aquellas dos novelas mencionadas primero, definitivamente son obras maestras, pero
Amor Perdurable, ¿lo es en realidad? Yo diría que definitivamente no, entre más lo pienso más me siento como la niña de 13 años cuando leí en pocos días un libro de Paulo Coelho.
Amor Perdurable, tiene un buen inicio, un accidente, no un accidente normal, un accidente de un globlo aeroestático, muy extraño, y de ahí se desarrolla todo lo demás. Después de eso pensé que ese incidente quedaría atrás, pues a decir verdad, me costó retomar el libro luego de leer esa parte. Pues está esta pareja de enamorados, muy enamorados, cursi, en realidad... me gustó un poco porque bueno, yo soy un poco así también. Esa pareja de enamorados estuvo en el accidente del globo donde murió una persona. El hombre, junto con un grupo de personas desconocidas, fue uno de los que trató de salvar la vida del niño que había quedado atrapado en el globo.



Llega la noche, la pareja vuelva a su casa, siempre con el mal sabor de boca que les dejó ese incidente y uno de los que estuvo presente en el accidente, llama y le dice a Joe (el hombre, protagonista) que él siente lo mismo que él, que lo quiere. Y pues esa fue la primera de una serie de llamadas y acosos. Acosos homosexuales, religios, extraños, muy extraños. Hasta ahí todo iba perfecto, "A saber qué se trama este McEwan" me dije, no podía dejarlo. Pues todo este acoso que recibe Joe, lo afecta grandemente (¿Y a quién no?) cartas, llamadas, el tipo se planta frente a su casa durante horas, lo sigue, le llora... La mujer no le hace caso, insinuándole que no sea exagerado, que no es para tanto. Llega a un punto en que pareciera que todo eso fuese un invento de Joe. Eso era lo que yo estaba esperando, un gran final, un final inesperado, un final en donde se le revelan a uno un montón de cosas que uno no pudo ver, pero no, como casi siempre, me decepcionó el final... Resulta que nada de eso era imaginación de Joe, el tipo acosador tenía una enfermedad llamada el síndrome de Clerambault y la mujer había sido una tonta por tratarlo de aquella manera. Y eso fue todo.
*Hay una película, que no veré, de este libro también

viernes, 24 de octubre de 2008

Tráeme tu amor - Charles Bukowski

Sí que me gusta Bukowski, ¿a quién no le podría gustar Bukowski? ¿A quién? Tal vez a todos esos que se creen muy rectesitos. Pero bien...
Después de que trajeran a la buena librería de aquí ''Hijo de Satanás'' de Bukowski de los compactos anagrama, con dinero de mi primer sueldo decidí comprarlo a L. 450. Bueno inversión, buena inversión... siempre que me dicen que debo comprarme ropa nueva con ese primer sueldo, me motivan a comprar más libros de esos caros. Y pues aquí un cuento sacado de ese libro. Ojalá lo lean y les guste.


Tráeme tu amor - Charles Bukowski




Harry bajó las escaleras hacia el jardín. Muchos de los pacientes estaban allí afuera. Le habían dicho que Gloria, su mujer, estaba allí afuera. La vio sentada a una mesa, sola. Se acercó a ella en diagonal, de refilón por detrás. Dio la vuelta a la mesa y se sentó frente a ella. Gloria estaba sentada con la espalda muy recta y tenía la cara muy pálida. Le miró pero no le vio. Después le vio.

-¿Es usted el director?- le preguntó.
-¿El director de qué?-
-El director de verosimilitud.
-No.
Estaba pálida, sus ojos eran pálidos, azul pálido.
-¿Cómo te encuentras, GLoria?
La mesa era de hierro, pintada de blanco, una que duraría siglos. Había un pequeño recipiente con flores en el centro, flores marchitas y muertas que colgaban de tallos blandos y tristes.
-Eres un follaputas, Harry. Te follas a las putas.
-Eso no es cierto, Gloria.
-¿Y también de lo chupan? ¿Te chupan el pito?
-Iba a traer a tu madre, Gloria, pero estaba en la cama con gripe.
-Esa vieja murciélago siempre está en la cama con algo... ¿Es usted el director?
Los demás pacientes estaban sentados junto a otras mesas o de pie, recostados contra los árboles, o tumbados en la hierba.
Estaban quietos y en silencio.
-¿Qué tal es la comida aquí, Gloria? ¿Tienes amigos?
-Horrible. Y no, follaputas.
-¿Quieres algo para leer? ¿Quieres que te traiga para leer?
Gloria no contestó. Entonces levantó la mano derecha, la miró, cerro el puño y se asestó un golpe en la nariz, muy fuerte. Harry se estiró por encima de la mesa y le cogió ambas manos.
-¡Gloria, por favor!
Ella empezó a llorar.
-¿Por qué no me has traído bombones?
-Pero Gloria, tú me dijiste que odiabas los bombones.
Las lágrimas le caían abundantemente.
-¡No odio los bombones! ¡Me encantan los bombones!
-No llores, Gloria, por favor... Te traeré bombones y todo lo que quieras... Escucha, he alquilado una habitación en un hotel, a un par de manzanas de aquí, sólo para estar cerca de ti.
Sus ojos pálidos se agrandaron.
-¿Una habitación de hotel? ¡Estarás ahí con una jodida puta! Estareís viendo juntos películas porno y tendreís un espejo de los que ocupan todo el techo!
-Estaré aquí un par de días, Gloria- dijo Harry dulcemente-. Te traeré todo lo que quieras.
-Tráeme tu amor, entonces-gritó-¿Por qué demonios no me traes tu amor?
Algunos pacientes se volvieron y miraron.
-Gloria, estoy seguro de que no hay nadie que se preocupe por ti más que yo.
-¿Quieres traerme bombones? Bueno, pues ¡métete los bombones por el culo!
Harry sacó una tarjeta de su cartera. Era del hotel. Se la dio.
-Quiero darte esto antes de que me olvide. ¿Te permiten hacer llamadas? Si quieres cualquier cosa, sólo tienees que llamarme.
Gloria no contestó. Cogió la tarjeta y la dobló. Luego se agachó, se quitó un zapato, metió la tarjeta dentro y volvió a ponerse el zapato.


Entonces Harry vio al doctor Jensen que cruzaba el jardín hacia ellos. El doctor Jensen se acercó sonriendo y diciendo:
-Bueno, bueno, bueno...
-Hola, doctor Jensen-dijo Gloria, sin la menor emoción.
- Puedo sentarme? - preguntó el doctor.
-Claro - dijo Gloria.
El doctor era un hombre corpulento. Rezumaba peso, responsabilidad y autoridad. Sus cejas parecían gruesas y espesas; eran gruesas y espesas. Querían deslizarse y desaparecer dentro de su boca redonda y húmeda pero la vida no se lo permitría.
El doctor miró a Gloria. El doctor miró a Harry.
-Bueno, bueno, bueno -dijo-. Estoy realmente satisfecho de los progreos que hemos hecho hasta el momento...
-Sí, doctor Jensen, justamente le estaba contando a Harry lo mucho más estable que me siento, cuánto me han ayudado las consultas y la terapia de grupo. Esto me ha librado de gran parte de mi furia irracional, de mi frustación inútil y de mucha autocompasión destructiva...
Gloria estaba sentada con las manos entrelazadas sobre la falda, sonriendo.
El doctor sonrió a Harry.
- Gloria a experimentado una notable recuperación.
- Sí - dijo Harry -, lo he notado.
- Creo que será cuestión de sólo un poquito más de tiempo y Gloria volverá a estar en casa con usted, Harry.
- Doctor- preguntó Gloria- ¿puedo fumarme un cigarrillo?
- Por supuesto, mujer - dijo el doctor, a la vez que sacaba un paquete de cigarirllos exóticos y le daba un golpecito para sacar uno. Gloria lo cogió y el doctor alargó su encendedor dorado y lo accionó con el dedo. Gloria inhaló y soltó el humo.
- Tiene unas manos preciosas, dcotor Jensen - dijo ella.
- Ah, gracias, querida.
- Y una bondad que salva, una bondad que cura...
- Bueno, hacemos todo lo que podemos en este viejo edificio... - dijo suavemente el doctor JEnsen
- Ahora, si me disculpan, tengo que hablar con algunos pacientes más.
Levantó con facilidad su copachón de la silla y se dirigió hacia una mesa donde otra mujer estaba visitando a otro hombre.
Gloria miró fijamente a Harry.
-¡Ese gordo cabrón! Se toma la mierda de las enfermeras para almorzar...
- Gloria, me ha encantado verte, pero he estado conduciendo muchas horas y necesito descansar. Y creo que el doctor tiene razón. He notado algunos progresos.
Ella se rió. Pero no era una risa alegre, era una risa teatral, como un papel memorizado.
- No he hecho ningún progreso en absoluto; de hecho, he retrocedido.
- Eso no es cierto, Gloria...
- Yo soy la paciente, cabeza-de-pescado. Yo soy la que mejor puede hacer un diagnóstico.
- ¿Qué es eso de cabeza-de-pescado?
- ¿Nadie te ha dicho nunca que tienes la cabeza como un pescado?
- No.
- La próxima vez que te afeites, fíjate. Y ten cuidado de no cortarte las agallas.
- Me voy a marchar..., pero mañana volveré a visitarte.
- La próxima vez trae al director.
- ¿Estás segura de que no quieres que te traiga nada?
- ¡Lo que vas a hacer es volver a esa habitación del hotel a follarte a alguna puta!
- ¿Y si te trajera un ejemplar de New York? A ti te gustaba esa revista...
- ¡Métete New York por el culo, cabeza-de-pescado! ¡Y después puedes seguir con el TIME!
Harry se inclinó por encima de la mesa y le apretó la mano con la que se había golpeado la nariz.
-Mantén la enterza, sigue intentándolo. Pronto te pondrás bien...
Gloria no dio señal de haberle oído. Harry se levantó lentamente, se volvió y se encaminó hacia la escalera. Cuando había subido la mitad, se volvió y dijo adiós a Gloria con la mano. Ella siguió sentada, inmóvil.


Estaban a oscuras y todo iba bien, cuando sonó el teléfono. Harry siguió con lo suyo, pero el teléfono continuó sonando. Era muy molesto. Enseguido se le puso blanda.
- Mierda -dijo, y se quitó de encima. Encendió la lámpara y cogió el teléfono.
-¿Dígame?
Era Gloria.
- ¿Te estás follando a alguna puta?
- Gloria, ¿te dejan telefonear a estas horas de la noche? ¿No te dan una píldora para dormir o algo?
- ¿Por qué has tardado tanto en coger el teléfono?
- ¿Tú no cagas nunca? Pues yo estaba a la mitad de una soberbia cagada, me has cogido justo a la mitad.
- Apuesto a que sí... ¿Vas a terminarla después de hablar conmigo?
- Gloria, es tu maldita paranoia extrema la que te ha conducido a donde estás.
- Cabeza-de-pescado, mi paranoia casi siempre ha sido el presagio de una verdad que iba a ocurrir.
- Oye, estás desvariando. TRata de dormir. Mañana iré a verte.
- ¡Muy bien! ¡Cabeza-de-pescado, acaba de FOLLAR!
Gloria colgó.
Nan estaba en bata, sentada en el borde de la cama, y tenía un whisky con agua sobre la mesilla. Encendió un cigarrillo y cruzó las piernas.
- Bueno - dijo -, ¿cómo está tu mujercita?
Harry se sirvió una copa y se sentó a su lado.
- Lo siento, Nan...
- ¿Lo sientes por qué? ¿Por quién? ¿Por ella o por mí o por qué?
Harry vació su lingotazo de whisky.
- No hagamos un maldito melodrama de esto.
- ¿Ah sí? Bien, ¿qué quieres que hagamos de esto? ¿Un simple revolcón en la hierba? ¿Quieres que volvamos a ello hasta que acabes o prefieres meterte en el cuarto de baño y cascártela?
Harry miró a Nan.
- ¡Maldición! No te hagas la lista. Tú conocías la situación tan bien como yo. ¡Tú fuiste la que quiso venir conmigo!
- ¡Pero es porque sabía que, si no venía, te traerías a alguna puta!
- Mierda - dijo Harry-, otra vez esa palabra.
- ¿Qué palabra? ¿Qué palabra? - Nan vació su vaso y lo tiró contra la pared.
Harry fue hasta allí, recogió el vaso, volvió a llenarlo, se lo dio a Nan, luego llenó el suyo.
Nan bajó la mirada hacia su vaso, dio un trago, lo puso sobre la mesilla.
- ¡La voy a llamar, se lo voy a contar todo!
- ¡De eso ni hablar! Es una mujer enferma.
- ¡Y eres un enfermo hijo de puta!


Justo en ese momento el teléfono sonó otra vez. Estaba en el suelo, en el centro de la habitación, donde Harry lo había dejado. Los dos saltaron de la cama hacia el teléfono. Al segundo timbrazo los dos estaban en el suelo, agarrando una parte del auricular cada uno. Giraron una y otra vez sobre la alfombra, respirando pesadamente, con las piernas y los brazos y los cuerpos en una desesperada yuxtaposición. Y así se reflejaban en el espejo que había en el techo de pared a pared.


sábado, 30 de agosto de 2008

William Klein

Hace algunos días estuve viendo un programa acerca de fotógrafos callejeros, entre ellos se encontraba William Klein, un fotógrafo y director estadounidense, de Nueva York específicamente, que se dedicaba a fotografiar a la gente que él encontraba ahí por la calle, mencionaba que tomaba en fotos en Nueva York, qué podía esperarse... a la gente ahí le encanta ese tipo de atención, sobresalir.






Y yo supongo que debe tener razón, no me imagino decirle aquí a la gente ''una foto'' y ellos posando para ella, me dirían tal vez "No usté...'' con una sonrisa apenada, o simplemente enojados. Pero allá no... ellos posaban y actuaban para la cámara, y aunque no lo hicieran, él fotografiaba in fraganti.





Aunque me pareció que en el programa de televisión que ví, no lo mencionaron, él también pasó por el mundo de la moda, creo que fue uno de sus primeros (sino el primer) trabajos, en la revista Vogue y aunque a mí no me podría importar menos la moda, él le daba su toque a esas fotos, no le gustaba trabajar en estudios, sino, claro está, en la calle.





Leí por ahí que él empezó por la pintura antes de hacer sus fotografías y luego de su fase más importante, la de fotógrafo, realizó varios documentales incluyendo uno acerca de Mohammad Alí, aunque al final siempre regresó al mundo de la fotografía.

Debo mencionar que la actitud de este señor me encantó, así que les dejaré un video de él. Y sí, inspirador programa el de los fotógrafos callejeros...




miércoles, 27 de agosto de 2008

Detectives Salvajes

Nunca escribí nada de los Detectives Salvajes cuando lo leí... libro que tanto merece la pena, pero es que es dificil hablar de él, me encanta cómo describía todo México, me encantaron las partes sexys, los poetas que todos eran distintos, la gran sorpresa al final, en fin, todo el libro me gustó. Aquí, una parte donde uno de los poetas del movimiento va a ver si le publican una antología que estaban preparando con los poetas "real visceralistas". Siempre recuerdo esta parte cuando he ido a las entrevistas de trabajo..


Dos días después apareció Arturo Belano por la editorial. Iba vestido con
una chaqueta de mezclilla y con bluejeans. La chaqueta tenía algunas roturas sin
parchear en los brazos y en el costado izquierdo, como si alguien hubiera estado
jugando a ensartarle flechas o lanzazos. Los pantalones, bueno, si se los hubiera
sacado se habrían mantenido de pie solos. Iba calzado con unas zapatillas de
gimnasia que daba miedo sólo verlas. Tenía el pelo largo hasta los hombros y
seguramente siempre había sido flaco pero ahora lo parecía más. Parecía que
llevaba varios días sin dormir. Vaya, hombre, pensé, qué desastre. Por lo menos
daba la impresión de que se había duchado esa mañana. Así que le dije: veamos,
señor Belano, esa antología que usted ha hecho. Y él dijo: ya se la he dado a
Vargas Pardo. Mal empezamos, pensé.
Cogí el teléfono y le dije a mi secretaria que viniera Vargas Pardo a mi
despacho. Durante unos segundos ninguno de los dos hablamos. Carajo, si
Vargas Pardo tardaba un poco más en aparecer el joven poeta se me iba a quedar
dormido. Eso sí, no parecía maricón. Para matar el tiempo le expliqué que los
libros de poesía, ya se sabe, se publican muchos pero se venden pocos. Sí, dijo
él, se publican muchos. Por Dios, parecía un zombi. Por un momento me pregunté
si no estaría drogado, ¿pero cómo saberlo? Bueno, le dije, ¿y le costó mucho
hacer su antología de poesía latinoamericana? No, dijo él, son todos amigos. Qué
cara. Así pues, dije yo, no habrá problemas de derechos de autor, usted tiene los
permisos. Él se rió. Es decir, permítanme que lo explique, torció la boca o curvó
los labios o mostró unos dientes amarillentos y emitió un sonido. Juro que su risa
me erizó los pelos. ¿Cómo explicarla? ¿Como una risa que sale de ultratumba?
¿Como esas risas que a veces uno escucha cuando camina por el pasillo desierto
de un hospital? Algo así. Y después, después de la risa, parecía que íbamos a
volver a sumirnos en el silencio, esos silencios embarazosos entre personas que
se acaban de conocer, o entre un editor y un zombi, para el caso es lo mismo,
pero yo lo último que deseaba era verme atrapado otra vez en ese silencio, así
que seguí hablando, hablé de su país de origen, Chile, de mi revista en donde él
había publicado alguna reseña literaria, de lo difícil que resultaba a veces sacarse
de encima un stock de libros de poesía. Y Vargas Pardo no aparecía (¡estaría
colgado del teléfono dándole a la lengua con otro poeta!). Y entonces, justo
entonces, tuve una suerte de iluminación. O de presentimiento. Supe que era
mejor no publicar esa antología. Supe que era mejor no publicar nada de ese
poeta. Que se fuera a la mierda Vargas Pardo y sus ideas geniales. Si había otras
editoriales interesadas, pues que la publicaran ellos, yo no, yo supe, en ese
segundo de lucidez, que publicar un libro de ese tipo me iba a traer mala suerte,
que tener a ese tipo sentado frente a mí en mi oficina, mirándome con esos ojos
vacíos, a punto de quedarse dormido, me iba a traer mala suerte, que
probablemente la mala suerte ya estaba planeando sobre el tejado de mi editorial
como un cuervo apestado o como un avión de Aerolíneas Mexicanas destinado a
estrellarse contra el edificio en donde estaban mis oficinas.
Fragmento de Los Detectives Salvajes - Roberto Bolaño

sábado, 2 de agosto de 2008

Parábolas y Paradojas - Franz Kafka

Muy buen libro, al inicio no me gustó pero vaya sí que tiene buenas partes, como éstas. A mí siempre me gusta más lo que me recuerda a algo que me está sucediendo o algo que me ha sucedido, no creo que sea algo bueno, pero así es.


Aquí, algunas parábolas y paradojas...

Poseidón

Poseidón estaba sentado ante su escritorio, haciendo cuentas. La administración de todas las aguas le daba enorme trabajo.

Podría haber tenido auxiliares, todos los que quisiera (y los tenía en gran número), peor desde que tomó su trabajo con la mayor seriedad, terminó revisando todos los números y cálculos por sí mismo, y en esta tarea sus auxiliares constituían una muy pobre ayuda.
No se podría decir que su trabajo le gustara; lo hacía sólo porque le había sido asignado: ya había pedido un cambio, un trabajo más movido, pero cada vez que le habían ofrecido uno diferente se convenció de que, en realidad, lo mejor para él era su situación actual. Además, resultaba bastante difícil encontrar un trabajo distinto para Poseidón. No era posible asignarlo a un mar particular; dejando de lado el hecho de que en ese caso su trabajo sólo disminuiría en cantidad, el gran Poseidón sólo podría, en esa situación, ocupar un cargo jerárquico. Y cuando se le ofrecía un trabajo lejos del agua, la sola idea lo enfermaba, su divina respiración se alteraba, y su pecho de bronce comenzaba a palpitar.
Por lo demás, sus quejas no eran verdaderamente tomadas en serio; cuando uno de los poderosos se pone fastidioso, lo corriente es hacer esfuerzos aparentes para tranquilizarlo. En realidad era imposible imaginar un cambio de destino para Poseidón: había sido asignado Dios del Mar desde el comienzo y en ese puesto tenía que seguir.

Lo que más lo exasperaba (y era el motivo principal de su insatisfacción por el trabajo) era conocer las ideas que se tenían de él: como si siempre estuviera surcando las ondas con su tridente, cuando en realida permanecía sentado allí, en las profundidades, haciendo cuentas interminablemente, rompiendo de vez en cuando esa melancolía con alguna visita a Júpiter; visita, por lo demás, de la que generalmente regresaba enfurecido. De modo que casi no había visto el mar; sólo lo había contemplado fugazmente en alguno de sus apurados ascensos al Olimpo y jamás había viajado recorriéndolo. Solía decir que lo que él aguardaba era el fin del mundo, cuando, probablemente se le concedería un momento de tranquilidad durante el cual, justo antes del fin, y después de haber controlado la última hilera de números, le sería imposible hacer un rápido viajecito.

Poseidón terminó por aburrirse de su mar. Dejó caer el tridente. Se sentó en silencio en la costa rocosa.
Una gaviota, amedrentada por su presencia, volaba en círculos alrededor de su cabeza.


Un episodio de consecuencias

El hombre es una ciénaga infinita. Pero a veces lo ataca el entusiasmo y parece como si en un punto indefinido de esa ciénaga una rana se zambullera, produciendo una pequeña turbulencia, y desapareciera.

Nuestro camino

Vivir es desviarnos incesantemente. De tal manera nos desviamos, que la confusión nos imposibilita saber de qué nos estamos desviando.




Decisiones

Salir de un estado de decaimiento debe ser cosa fácil, aunque se logre a fuerza de voluntad.

De modo que me arranco del sillón; camino alrededor de la mesa: meneo la cabeza y extiendo el cuello; miro con ojos de fuego y no dejo músculo del rostro sin funcionar.

Contrarío mis más caros sentimientos: recibo con entusiasmo a A, y soportaría alegremente a B, si ahora mismo me visitara en mi habitación; y si se tratara de C, me tragaría todo lo que dijera, a pesar del cansancio y del dolor.

Pero aun actuando así, la menor falla arruinaría todo, y tendría que empezar de nuevo.

De modo que lo mejor que puedo hacer es soportarlo todo con serenidad; comportarme como un peso inerte, y no dar un paso innecesario por mucho que me sienta apartado.
Mirar a los demás con mirada animal; no sentir remordimientos; en resumen, sumergir la vida fantasmal que aún subsiste, darle el mayor paso posible a la calma de los sepulcros y terminar con todo.
Un movimiento característico de semejante estado de ánimo consiste en recorrerse las cejas con el dedo meñique.

domingo, 8 de junio de 2008

El orden alfabético - Juan Jose Millás

Después de ver una entrevista en un nuevo programa español con este escritor Juan Jose Millás, me dio algo de curiosidad. Inicialmente estuve buscando el libro del que estaban hablando en esa entrevista o más bien foro o cómo sea que se le diga cuando se ponen varias personas a platicar acerca de un tema, pues el nombre del libro era ''El Mundo'', supongo que como es algo reciente no pude encontrarlo en esta fuente interminable de absolutamente todo, que es el internet.

Como no encontré este libro, me decidí por ''El orden alfabético'', iba con esperanzas de que fuera un buen libro, y no me defraudó.




El libro está dividido en dos partes, la primera parte es la vida de Julio cuando estaba niño, entre los 13 y 14 años, a esta edad, a causa de una enfermedad, él empezó a transportarse a lo que según él era su otra realidad, la ''otra parte del calcetín'' en la que los un día, de la nada, los libros, las palabras y las letras, empezaron a desaparecer, a huir y regresar tan sólo para descomponerse. Según cuenta Julio, el papá le había dicho un día que si no empezaba a leer nuevamente la enciclopedia en la que su padre pasaba metido una buena parte de su tiempo, los libros saldrían volando para no volver. Aparentemente, ésto afectó mucho a Julio... Ya se imaginan un mundo sin libros y palabras... era todo un caos. Él pensaba que el orden alfabético no tenía sentido, ¿cómo es que lengua estaba al lado de lencería? Él creía que más bien se debería hacer en orden temático.

Aparte de eso, Julio se la pasaba bien en esa realidad, su Laura gustaba de él también.


En la segunda parte, aparece Julio ya de veinte y tantos años, como un joven solitario y siempre afectado por lo que le pasó durante aquel tiempo en que estuvo enfermo y ahora el enfermo era su padre. Empieza a imaginarse personas, inventa cosas, etc...


Aquí hay una parte que me gustó, Julio estaba en la casa de sus padres por su enfermedad... en algo me parezco a él.



Entonces me desplacé desde el centro al lado de mi padre, y recordé que aquella cama me había llegado a parecer de pequeño un país con zonas cálidas y frías por el que viajaba protegido por la bóveda celeste de la sábana de arriba. La zona de mi padre era la más fría, no ya porque estuviera próxima a la ventana, o porque él fuera un hombre glacial, sino porque mi madre era muy tibia. El territorio de ella estaba constituido por una enorme extensión de clima templado, especialmente en la zona norte, a la altura de los pechos. Luego había una zona fronteriza, una franja central que atravesaba longitudinalmente el colchón erigiéndose en una tierra de nadie donde el clima se volvía más áspero, aunque sin alcanzar la severidad del territorio de mi padre, donde, además de nevar la mayor parte del año, siempre había corrientes de aire que cortaban la respiración. No sé cómo podía dormir ahí, a menos que permaneciese toda la noche cogido a la cintura de mi madre, como un náufrago: así al menos le veía yo cada vez que tenía pesadillas y me levantaba a pedir socorro.


Luego estaba la zona de los pies, en el extremo más meridional de la cama, adonde había que llegar deslizándose con movimientos de reptil, para que no se desordenaran las sábanas. Esa era la región de las tinieblas perpetuas. Durante todas las estaciones del año reinaba en aquel ámbito la más completa oscuridad, de ahí que sólo estuviera habitado por pies, pies ciegos, naturalmente, igual que los cangrejos sin ojos que viven en las profundidades tenebrosas de las grutas marinas. Cuando me aventuraba a bucear por aquellas simas donde la ropa de la cama daba la vuelta para introducirse debajo del colchón, siempre llevaba el corazón en la garganta al imaginar que podía tropezar con una pareja de pies callosos, llenos de uñas retorcidas.

El orden alfabético - Juan José Millás